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04/06/2015

Madrid grow shop.La personalización de la educación reduce el consumo de marihuana




Un estudio dotado con financiación de la Unión Europea ha puesto de manifiesto que ofrecer sesiones de terapia cognitivo-conductual a buscadores de sensaciones en la adolescencia puede reducir de manera sustancial el consumo de cannabis entre estos jóvenes.


Algunos de los efectos secundarios más preocupantes del consumo habitual de cannabis son una capacidad de atención reducida, un deterioro de los procesos cognitivos y un mayor riesgo de padecer psicosis. Resulta necesario adoptar medidas de prevención dado que cada vez son más los países que empiezan a plantearse la legalización del cannabis y que, según el Observatorio Europeo de la Droga y las Toxicomanías, el promedio de europeos entre los quince y los treinta y cuatro años de edad que consumen esta sustancia se eleva hasta el 20 %. Un caso especialmente agudo es el de los adolescentes, ya que su cerebro aún se está desarrollando y para ellos los riesgos citados son mayores.

Con el fin de prevenir y reducir el consumo de cannabis entre los grupos de población en riesgo, unos investigadores de la Universidad de Montreal y del Centro Hospitalario Universitario (CHU) Sainte-Justine —dedicado a la medicina pediátrica— realizaron un experimento en el que participaron 1 038 estudiantes británicos de noveno grado y sus profesores cuyo objetivo último consistía en retrasar la edad a la que estos estudiantes se inician en el consumo de cannabis y en reducir su frecuencia.


                         «Los estudiantes participaron de forma voluntaria en dos sesiones de terapia cognitivo-conductual adaptadas a sus tipos de personalidad específicos. Estas sesiones implicaban el aprendizaje a partir de situaciones reales descritas por otros jóvenes en situación de riesgo y estaban diseñadas para ilustrar la forma en que cada cual gestiona este riesgo. El cannabis no se mencionaba de forma explícita, pero se incorporaba al debate si los propios estudiantes lo sacaban a colación», apunta T. Mahu, el autor principal del estudio, financiado en parte por la Unión Europea al auspicio del proyecto ALICE RAP.


Durante los dos años en que se desarrolló el experimento, los niveles de consumo de esta droga se determinaron gracias a cuestionarios que los participantes rellenaban de forma anónima cada seis meses, así como a un protocolo de evaluación que incluía una serie de procedimientos para filtrar las respuestas de estudiantes que proporcionaban información inexacta. En torno a un 25 % de los adolescentes consumieron cannabis durante los dos años que duró el estudio.


Intervenciones de gran repercusión


                        «Hay indicios de que el programa consiguió retrasar el momento de iniciación y reducir la frecuencia en el consumo de cannabis de la totalidad de los jóvenes que participaron en las intervenciones, aunque los resultados también demostraron de manera rotunda que el programa resultó especialmente efectivo en cuanto a prevenir el consumo entre aquellos más expuestos: los “buscadores de sensaciones”», destacó la Dra. Patricia Conrod, responsable de dirigir el estudio.


Los buscadores de sensaciones conforman una categoría de personas identificada por primera vez por Marvin Zuckerman —de la Universidad de Delaware— como propensas a asumir riesgos, buscar aventuras y nuevas experiencias, lo que les lleva a desechar las inhibiciones y a soportar el aburrimiento a duras penas. Estos rasgos de personalidad los hacen especialmente proclives a dejarse seducir por el cannabis.


En términos generales, se atribuye a la labor de los investigadores una reducción del 33 % en el consumo de cannabis a los seis meses de que tuviera lugar. Esta cifra se eleva hasta el 75 % en el caso de los buscadores de sensaciones. La intervención también derivó en un descenso significativo de la frecuencia tras iniciarse en el consumo.


Los resultados del estudio revelan la importancia de las medidas de prevención, pero también demuestran que los diferentes rasgos de personalidad pueden motivar distintas respuestas frente a tales medidas.


                          «Los estudios venideros deberían centrarse en los factores que motivan el consumo de cannabis entre los jóvenes con otros tipos de personalidades de riesgo de cara a desarrollar programas de intervención que resulten tan efectivos para ellos como éste lo ha sido para los buscadores de sensaciones», asevera Mahu.


FUENTE CORDIS




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